|
pensamiento primitivo
el paisaje no nos tienta ya somos presuntos sospechosos nos semeja el lenguaje del buey la hendidura en la mano callosa. era hermoso el guardián y solía contemplarse usando el guijarro como espejo su oficio es acosarnos con su vara. vivimos para vengarnos de él, de su frío gesto de cancerbero.
las madres y las mujeres de los presos formaban largas filas para visitar al ser amado. he imaginado sus miradas, sentido su respiración. ¿el lado humano de las cosas de qué lado se mira? ¿pueden los ojos del buey mirar sin dolor, sin sangre en la hendidura blanca? beso del animal de sentido enjuto dejando su huella sobre la tierra marcescible
las madres y las esposas de los presos hacen largas filas preocupadas por no perder el alimento... el paisaje sólo existe para ser contemplado por nuestros benjamines ojos de poeta envilecido por la soledad.
fila de mujeres que semeja una de las serpientes pintadas por Rembrandt, poeta del barroco holandés. el dolor de las madres es el único verdadero. no descansa nunca el buey ni dios escuchará su queja.
|